07 diciembre 2011

The Horrors. Sala Razzmatazz 2.
1 de diciembre. 21:30 h.

Patricia y yo fuimos al concierto de The Horrors. Ella se quedó sin escuchar en directo Jack The Ripper.

Antes del concierto, mientras tocaban unos teloneros verdaderamente malos, fuimos a la terraza que habían habilitado para fumar. Nos sentamos en la barandilla y echamos a recordar las cosas qué hacíamos en Razzmatazz hace unos años, las veces que íbamos juntos o incluso cuando no. Recordé las veces que veía a Joan pinchando música detrás de la cabina y pensaba que era el hombre más guapo del mundo. Curiosamente unos años después ese mismo DJ acabaría pagándose él solito un billete de avión para venir a Madrid expresamente a presentar mi segunda novela, La Piel Gruesa y sí, seguía siendo el hombre más guapo del mundo. La primera vez que besé a Iván fue bajo una luz violeta en la sala 1. En realidad me besó él primero. He olvidado qué sonaba. Los tatuajes de sus brazos asomaban por las mangas de su camiseta. Fue en ese momento cuando se germinó La vida que soñamos; el momento está recogido en el libro. El primer concierto de Fangoria. El lamentable directo de HIM.

Recordamos los atracos a la máquina expendedora de bocadillos de palillos de cangrejo, cuando íbamos tan doblados que teníamos que subir y bajar las escaleras al lavabo de tres en tres para no caer uno encima del otro. Fue un palo que cambiaran los lavabos. Molaba más cuando no había puertas. Yo recuerdo ir tan cocido que no podía sostener un vaso con las manos. Y noches donde no habías terminado un gintonic que ya tenías otro esperándote. Y salidas a la terraza, esa misma terraza donde ahora hablábamos Patricia y yo esperando el concierto: fuimos conscientes del cambio. Yo ya no fumo, no bebo apenas, me he vuelto casero y el tiempo me ha agriado el carácter. Ella también tiene lo suyo.

Parecía que estábamos en un lugar fantasma, como si cada rincón de la discoteca guardara un pedacito de nosotros. Nuestros primeros amores, nuestros primeros cigarros, nuestras primeras decepciones, nuestros <<dentro de  diez años...>>, nuestros primeros <<me voy a casa de no sé quién, lo he conocido arriba y me encantaaaaa>>. Nuestras escapadas a La Oveja Negra a comer unas patatas fritas y a jugar un futbolín a media noche. Nuestros <<¿ya han encendido las luces para echarnos? Pues vamos a comprar cerveza y a dormir a la playa>>. Nuestras ilusiones de me llamará cuando sabes que tú tampoco llamarías.

En realidad el concierto fue un pretexto. Ese lugar, idealizado quizá, es de ella y es mío. Y necesitábamos volver.

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