7/8/16

Eran las dos de la mañana y no acaba de ser de noche. Estoy en Islandia desde hace un par de días porque hoy empezamos a grabar "Grímsey", una película de bajo presupuesto que se rodará en régimen de cooperativa durante las dos próximas semanas en diversas localizaciones de la isla. Es un guión co-escrito con Richard García, el director del corto Tabulé.
Todos hemos puesto dinero para poder hacer esta película, y, por supuesto, de momento no cobramos pero le hemos echado, sobre todo, mucha ilusión. Ha sido un camino largo hasta llegar hasta aquí (y ruinoso).

Volver a lugares a los que ya había estado cuando mi vida la de otra persona, ha sido extraño. La ciudad me ha recibido extrañamente, pero bien. Algunos lugares que me gustaban han cerrado; otros han cambiado de lugar; han abiertos otros; es curioso cómo Reykjavík es capaz de cambiar de piel tan a menudo. La última vez que estuve en la isla mi estado anímico era uno. Ahora, dado de alta desde hace tiempo y después de mucho tiempo trabajando para estar mejor –y asumir que esa persona que eras en el pasado ya no lo serás más–, la percepción que tengo de la ciudad ha cambiado también. Seguiría viviendo en ella (de cabeza, me parece la mejor ciudad del mundo para vivir y estar) pero ha perdido el encanto. Pero supongo que eso ocurre porque el mundo, en general, también lo ha perdido.

"Grímsey" es una historia sobre una búsqueda: aquella que comporta descubrir que hay que irse al lugar donde nos dan cariño, y puede que eso implique ir a buscar una persona. No es una película de amor.