28/5/17

35 años. Me parece algo extraño no por la edad, más bien porque tengo la sensación de haber pasado los últimos cinco como en un agujero. De los treinta hasta ahora es como si no hubiera ocurrido gran cosa, más bien como si no hubiera ocurrido nada. Los cangrejos van hacia atrás pero yo ni eso, sin embargo he avanzado pero no me he movido del sitio. Como cuando Alicia corría y corría y jamás se movía.

Realmente, 35 años me parecen una cifra muy alta para todos mis logros. Quizá cuando iba al instituto pensaba -o más bien daba por sentado-, que cuando hubiera llegado hasta aquí ya tendría un trabajo estable, que entendería y haría bien aunque no fuera precisamente el trabajo de mi vida. Y que ese trabajo me daría las oportunidades suficientes para sustentarme y viajar. Puede, incluso, que a mis 35  hubiera encontrado una pareja estable con la que llevase algún tiempo compartiendo piso. Y durante años, hasta los 30, parecía que las cosas iban bien. Luego vino la subida del IVA, el apagón y el despido; me fui a Londres, regresé, me diagnosticaron TAG, me dejé parte de los ahorros en ponerme bien, fui picoteando de trabajos por debajo del sueldo mínimo interprofesional con los que terminé de gastarlos, conseguí un trabajo que no me da para vivir fuera de casa de mis padres, ni para viajar, ni para estudiar. Es como si, de pronto, mi vida hubiera quedado interrumpida en un momento en que, más que nunca, lo que necesito -lo que necesita alguien de mi edad- es volar alto.

Algo muy malo ocurre dentro de un país cuando la gente en mitad de la treintena sigue viviendo en casa de sus padres y no tiene oportunidades para fomar una familia, sea en pareja o en solitario. Las políticas cortoplacistas y estúpidas de los gobiernos de izquierda y derecha no se dan cuenta de lo que se nos viene encima, o sí y les da igual porque saben que a ellos no les va a salpicar. Y aunque no tengo a la española como una sociedad civilizada ni avanzada en según qué aspectos -la tauromaquia, la memoria histórica, la corrupción-, a veces me alivia saber que a nadie se le ha ocurrido la idea de hacerlo volar todo por los aires.

35 años. Con esta edad publicaré mi cuarta novela y estrenaré mi primer largometraje, producido, escrito y dirigido con Richard García. Puede que después del despido haya tenido que volver a casa de mis padres, que en ocasiones tenga la sensación de que me estoy volviendo loco, puede incluso que no entienda el comportamiento de la gente porque no me da la gana hacerlo. 35 años.