13/6/17

El país no millennial

La ignorancia es caprichosa. Despierto hace un par de días con varios amigos míos encendidos por un artículo escrito en El País que desprecia -diciéndolo suavemente- a los millennials, de quienes yo desconocía su existencia hasta hace unos meses, por eso, a lo mejor, de estar dentro del saco. Resulta sumamente complaciente y, a la vista, rentable despreciar a la generación sucesora sin apenas haberle echado un ojo, no se diera el caso de que cambiara nuestra opinión y descubriéramos un pastel que no hemos querido ni ver, pero no olvidemos una cosa: en este país, que es España, con todo lo que conlleva eso, la culpabilización de la víctima está al orden del día. No pasa únicamente contra aquellos que no pueden labrarse un futuro -¿os tengo que contar lo que es trabajar 40 horas por 750 euros mensuales y sin derecho a festivos remunerados como tales, o cuantificar a quiénes no han podido terminar sus estudios por la subida de tasas?-, ocurre también con todo aquello que no responde, diríamos, al punto de vista del opresor o del magnate. Cuando se tiene un despacho y el estómago lleno, no peligran ni la nevera llena ni el techo bajo el que se duerme, culpabilizar al resto del ataque sufrido es a todas luces mezquito e irresponsable pero sumamente común, compartido y hasta admirado. ¡Ay, qué lejos están, por otro lado, los días en que uno podía salir a una terraza a leer El País sin sentir vergüenza!