12/6/17

Como la espuma

No creo que Como la espuma (Roberto Pérez Toledo, 2017) sea la película del año y una de las cosas que más me gusta de ella es que ni lo pretende, y que desde esa honestidad consigue hacer pasar un buen rato sin más voluntad que la de hacerte reír o, por lo menos, entretenerte de la mejor manera posible, sin milongas ni vendiéndote la moto. 


La película ocurre en una vieja mansión en la que bien podría haber ocurrido una película de terror. Milo y Gus, una extraña pareja, llegan a primera hora de la mañana discutiendo. Milo es un hombre amargado que va en silla de ruedas, tuvo un accidente que lo dejó paralítico y se niega la felicidad a sí mismo. Sin embargo, Gus decide, a última hora, que ya está bien de tonterías y con la ayuda de Camila, una amiga pizpireta, le organiza una fiesta de cumpleaños que pronto se les va de las manos: a la casa empiezan a llegar personajes de todo pelaje y condición, con muy poca ropa. En las orgías ocurre de todo, basta con haber estado en una para saberlo: lo hay quienes quieren tocar todo lo que se mueve, quienes piensan que mirar es participar -ahí John Cameron Mitchell estuvo más acertado-, los que querrían participar y no se atreven o los que no consiguen dejar de ir a ellas aunque quisieran. Como en cualquier película coral, a cada uno le sentarán mejor que otras las distintas historias que se cuentan. A saber, para mí, lo bien que funciona la química entre Javier Ballesteros, como la transexual que la lía parda, y el ¿heterocurioso? en pleno subidón encarnado por Miguel Diosdado, la contención dramática y el buen hacer de Pepe Ocio y Maria Cotiello como el matrimonio que asiste allí para salvar in extremis su matrimonio (y, de paso, ¡lo bien que funciona Pepe Ocio con un Jonás Beramí que cómo lo mira!) o la revelación absoluta de la cinta: un Álex Villazán que, diríamos, en unos años, debería estar comiéndose el mundo.

Creo que es una película ideal para el verano: es ligera, es fresquita, a veces políticamente incorrecta, dura una hora y media y te hace reír a menudo. Aunque no sea la mejor película del año. Y es que tampoco le hace falta.
Y eso ya es mucho, mucho más de lo que he visto últimamente en cines.