19/6/17

Orfidal y caballero


 Llevo unos días tomando ansiolíticos y me pregunto si este yo calmado que ahora se pasea por la calle es parecido al que era antes de ser diagnosticado con trastorno de ansiedad (otra vez). Mis tres últimos años, sobre todo, se han convertido en una preocupación constante y sin motivo, en una vocecilla zumbona que es la tuya propia que te dice lo horrible que es todo, sobre todo lo horrible que eres tú, por supuesto, los tres últimos años los he pasado de ataque de ansiedad a ataque de ansiedad y tiro porque me toca y con una forma de ver -de entender- la vida que bordea, cuando no entra de lleno, en la desesperanza y el miedo.

Sin embargo, desde hace unos días, me encuentro mucho mejor: pastilla por la mañana y pastilla por la noche, y soy consciente de mis problemas, de que esos siguen ahí, sigo siendo consciente de todo lo que falla en mí y a mi alrededor, que son muchas cosas, pero de repente todo se vuelve relativo, menos doloroso, más sensato. Me encuentro de mejor humor y levantarse de la cama no es un esfuerzo bárbaro como hace quince días, ni irse a dormir es un momento de pánico porque sabes que no vas a poder hacerlo. Cuando te llega una notificación del banco te suben las pulsaciones pero ya no hiperventilas. Y me pregunto, quiero decir, si este yo algo drogado que camina por la calle y  que se sienta a escribir esto es muy distinto a ese yo no drogado que sí sabía relativizar las cosas, ese que existía antes de que las malas emociones se lo comieran entero, si este es el estado de ánimo habitual de la gente, si esto es lo que debería sentir sin tener que ingerir pastillas para conseguirlo.